martes, 15 de noviembre de 2011

Como un manotazo de ahogado

Como un manotazo de ahogado, el, busca. Busca información en Internet sobre su problema, llama a la obra social y pregunta por cartillas de profesionales. Le dicen que la especialidad es solo por reintegro, y lo invade una pizca de alegría cuando le dicen que se le reintegra el 100%. También averigua sobre la carrera de psicología social, y vuelve a alegrarse un poco más, ¿la escuela de Ana Quiroga o la de Gladys Adamson?, dos nombres resonantes en su entorno durante casi toda su niñez y juventud. Entonces, mientras ve una de las páginas web en el trabajo, siente ganas de llorar. Y se le llenan los ojos de lágrimas cuando se visualiza expresando su angustia en una escena de psicodrama. Lee sobre el aprendizaje, el E.C.R.O. y la mutua representación interna. Ya se imagina en la primer clase de presentación, autoproclamándose un eterno buscador que, como dice Borges, "...busca por el placer de buscar y no por el de encontrar...". Y casi en la realidad, mitad adentro y mitad afuera, llora todo lo que anoche no pudo llorar. Llora la tristeza que anoche fue ansiedad e insomnio.

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