Mientras terminamos de almorzar, escucho los padecimientos de mi compañera de trabajo. Me cuenta sobre su postergación del viaje al exterior con su novio debido a que el perdió ocho mil pesos. A cambio, se va a Buenos Aires una semana. Dice que está cansada, que duerme mal y hace 3 años que no se toma vacaciones.
En la recepción de sus palabras, puedo sentir su estrés. Trato de que mis palabras sean, más que una respuesta o sugerencia de amigo, un disparador para su autocrítica.
-Tenés que empezar a preguntarte en qué medida depende de vos todo lo que te pasa- le digo con absoluta serenidad.
Y repentinamente, la veo llorar, después de que cierra la tapa de su celular. Entonces, con la frialdad de una heladera y la objetividad del mejor árbitro de fútbol, sigo tratando de escucharla. No creo en el consuelo, en absoluto. El consuelo se logra por la perseverancia de uno mismo en el transcurrir del sufrimiento, o por obra divina.
Le pregunto si pasó algo además de lo que me contaba, y me dice que no.
Pienso que a veces el llanto, ese doloroso y casi agradable síntoma del alma, a veces necesita un empujón para salir. Tal vez mis palabras hayan podido condensar ese doloroso vapor que empaña el ánimo para que pueda ese sentir, transformarse en renovadoras gotas que al correr, puedan despejar su pesar.
jueves, 24 de noviembre de 2011
martes, 15 de noviembre de 2011
La pelea por el título
Ya tengo el título, hoy lo fui a buscar. Ahora sigue lo que en las modernas escuelas de administración se conoce como Cajonning, o cajonear.
Proceso mediante el cuál un documento es guardado por tiempo indeterminado en un lugar que nadie recuerda, ni siquiera la propia persona que lo cajoneó, y que viene acompañado de una serie de manifestaciones observables a largo plazo, como amnesias u olvidos ... permanentes y progresivos, y una irreversible pérdida de datos acerca del desarrollo de la carrera o proceso que le dió origen al documento. Por ejemplo: "La concha del pato, hace tantos años que me olvidé de ese tema de mierda...", o bien "uh, negro, vos sabés que eso creo que lo vi, pero ni me acuerdo", así como también "no se para que mierda me cague estudiando tanto si al final está todo en la ley y lo puedo buscar ahí".
Puede el guardante, también, hacer alarde de que a pesar que cuenta con el documento que lo avala, prefiere desavalarse y valerse de otros medios para generar otro, por ejemplo "bah, mirá, en realidad soy ingeniero, pero nunca ejercí, me dedico al yoga", el boga que trabaja en la comisión técnica del INTA o el ingeniero agrónomo que trabaja en la AFIP, o el antropólogo forense que tras largas deliberaciones decidió dedicarse al origami.
El cajonning, en educación, demuestra una vez más la falla sepulcral e histórica del sistema educativo; y de todos los mamertos que alguna vez nos creimos la de Vigotsky, la historieta de los 33, la doctrina social de la iglesia, el EGB y el Polimodal, la directora de escuela gorda que no paraba de fumar en la dirección, el forro de anatomía que te cagó la vida más de 4 veces, el turro de Cálculo III que iba en pedo a dar clase y la señorita maestra que no deja que los nenes se caguen a trompadas en el recreo porque "no hay que pelear". Acá está mi vómito.
Proceso mediante el cuál un documento es guardado por tiempo indeterminado en un lugar que nadie recuerda, ni siquiera la propia persona que lo cajoneó, y que viene acompañado de una serie de manifestaciones observables a largo plazo, como amnesias u olvidos ... permanentes y progresivos, y una irreversible pérdida de datos acerca del desarrollo de la carrera o proceso que le dió origen al documento. Por ejemplo: "La concha del pato, hace tantos años que me olvidé de ese tema de mierda...", o bien "uh, negro, vos sabés que eso creo que lo vi, pero ni me acuerdo", así como también "no se para que mierda me cague estudiando tanto si al final está todo en la ley y lo puedo buscar ahí".
Puede el guardante, también, hacer alarde de que a pesar que cuenta con el documento que lo avala, prefiere desavalarse y valerse de otros medios para generar otro, por ejemplo "bah, mirá, en realidad soy ingeniero, pero nunca ejercí, me dedico al yoga", el boga que trabaja en la comisión técnica del INTA o el ingeniero agrónomo que trabaja en la AFIP, o el antropólogo forense que tras largas deliberaciones decidió dedicarse al origami.
El cajonning, en educación, demuestra una vez más la falla sepulcral e histórica del sistema educativo; y de todos los mamertos que alguna vez nos creimos la de Vigotsky, la historieta de los 33, la doctrina social de la iglesia, el EGB y el Polimodal, la directora de escuela gorda que no paraba de fumar en la dirección, el forro de anatomía que te cagó la vida más de 4 veces, el turro de Cálculo III que iba en pedo a dar clase y la señorita maestra que no deja que los nenes se caguen a trompadas en el recreo porque "no hay que pelear". Acá está mi vómito.
Bienvenida
Bienvenidos al blog. Pueden sentirse como en el suyo y opinar sobre lo que quieran. De aquí hacia abajo, encontrarán cosas escritas hace un tiempo, que no encajarían en el blog anterior.
Acásolohaypoesíadeldiscursoactoclinicoactopoéticosubjetividaddelalocuradeunoydetodosporquelascosasquelesucedenaunhombrelessucedenatodosinstitucionespoliticasociedadarteysubjetividaddetodoslosdias.
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Repetición y locura
Piensa en la similitud entre repetición y locura. Luego se imagina su cotidiano trabajo. Todos los meses, todas las semanas, solicitar los mismos datos para elaborar estadísticas. Todos los meses, luchar contra esa resistencia de la gente para “hacer papeles”. Llamados telefónicos y lluvias de mails solicitando lo que ya saben, desde hace 2 años, que tienen que mandar antes del 15, y mandan el 25.
En algún lado leí, que locura es seguir haciendo lo mismo de siempre, esperando distintos resultados.
Y me acuerdo de mi hermano, que después de mostrarme denuncias que desde su trabajo presentan cotidianamente en la fiscalía federal, me pregunta cómo las veo yo, desde afuera. Le digo que ese tipo de escritos, con sus formalismos y formas, simulan cada uno de ellos, una situación inusual; que vagamente y por su condición inusual pretenden despertar la atención del fiscal para que se ocupe del tema. Como si fuese un exhorto, pero en vez de ser entre jueces, es entre una institución y otra distinta. Pero a la lectura, las denuncias poco dicen. Son pura forma. Son aburrimiento, son la cosificación del vacío, detenido en el tiempo. Y todas son iguales. Y creo que por eso las instituciones de ese tipo son tan burocráticas. Son la máquina que se ocupan de mantener la propia máquina. Tal vez por eso, la justicia es lenta. Entonces pienso en la salud de las instituciones. Como si éstas pudieran sentir.
Pero las defraudaciones millonarias, la evasión, una niña discapacitada que espera una decisión judicial de aborto terapéutico y una madre que llora desconsoladamente porque los asesinos de su hijo están en libertad no pueden entender estas razones.
En algún lado leí, que locura es seguir haciendo lo mismo de siempre, esperando distintos resultados.
Y me acuerdo de mi hermano, que después de mostrarme denuncias que desde su trabajo presentan cotidianamente en la fiscalía federal, me pregunta cómo las veo yo, desde afuera. Le digo que ese tipo de escritos, con sus formalismos y formas, simulan cada uno de ellos, una situación inusual; que vagamente y por su condición inusual pretenden despertar la atención del fiscal para que se ocupe del tema. Como si fuese un exhorto, pero en vez de ser entre jueces, es entre una institución y otra distinta. Pero a la lectura, las denuncias poco dicen. Son pura forma. Son aburrimiento, son la cosificación del vacío, detenido en el tiempo. Y todas son iguales. Y creo que por eso las instituciones de ese tipo son tan burocráticas. Son la máquina que se ocupan de mantener la propia máquina. Tal vez por eso, la justicia es lenta. Entonces pienso en la salud de las instituciones. Como si éstas pudieran sentir.
Pero las defraudaciones millonarias, la evasión, una niña discapacitada que espera una decisión judicial de aborto terapéutico y una madre que llora desconsoladamente porque los asesinos de su hijo están en libertad no pueden entender estas razones.
Como un manotazo de ahogado II
Y después de haber tratado de reelaborar esa mezcla explosiva de sentimientos que se inició la noche anterior con una chispa de amor fallido, se pregunta si deberá acostumbrarse a sentirse así. Casi lo tiene asumido, y una gota de paz, lo refresca. Pues así es su personalidad, su enfermedad.
Como un manotazo de ahogado
Como un manotazo de ahogado, el, busca. Busca información en Internet sobre su problema, llama a la obra social y pregunta por cartillas de profesionales. Le dicen que la especialidad es solo por reintegro, y lo invade una pizca de alegría cuando le dicen que se le reintegra el 100%. También averigua sobre la carrera de psicología social, y vuelve a alegrarse un poco más, ¿la escuela de Ana Quiroga o la de Gladys Adamson?, dos nombres resonantes en su entorno durante casi toda su niñez y juventud. Entonces, mientras ve una de las páginas web en el trabajo, siente ganas de llorar. Y se le llenan los ojos de lágrimas cuando se visualiza expresando su angustia en una escena de psicodrama. Lee sobre el aprendizaje, el E.C.R.O. y la mutua representación interna. Ya se imagina en la primer clase de presentación, autoproclamándose un eterno buscador que, como dice Borges, "...busca por el placer de buscar y no por el de encontrar...". Y casi en la realidad, mitad adentro y mitad afuera, llora todo lo que anoche no pudo llorar. Llora la tristeza que anoche fue ansiedad e insomnio.
Hablando sobre optimismo
Hablando sobre optimismo, pesimismo y conductas basadas en alguno de estos dos términos, discuto con mi compañera de trabajo. Ella dice que es todo una “cuestión de actitud”, y me muestra un power point de una historia cuyo protagonista se llama “Pepe”. Pepe es un motivador natural en su trabajo y en la vida, para el todo siempre está bien y anima a la persona que percibe lo contrario. A pesar de que lo cagaron a tiros en un asalto, se reía en la sala de emergencias de su propia desgracia y pudo sobrevivir gracias a su optimismo.
Mi compañera trataba de demostrarme que uno elige cómo vivir, bien o mal, de acuerdo a nuestra actitud.
Yo no se cómo explicarle, que hay personas a las que les faltan cositas químicas en sus cerebros y alrededores, o esas cositas químicas están desordenadas en ellos; y eso, a veces, imposibilita por completo al sujeto de tener conductas aloplásticas que lo conduzcan al bienestar.
Entonces, dejemos de lado toda esta pelotudez del optimismo, y de que con eso se consigue todo. Amigo, las cosas se consiguen proyectándolas en tu mente como si fuesen reales y teniendo la certeza de que efectivamente te sucederán. Si eres positivo y estas de buen humor, mejor aún. Será un modo de estar que acompañe muy bien tu espera por eso que quieres lograr. Pero el mal humor no es una sustancia lo suficientemente “buffer” como para hacer mermar tus proyecciones. Convivir con el mal humor, sobrellevándolo y haciendo lo que tenemos planeado sin que el mal humor afecte demasiado, ahí radica la verdadera virtud, el verdadero esfuerzo. Porque para el que siempre está de buen humor, no hay virtud.
Entonces, ahora, escuchándome en la lectura de mis palabras, me pregunto si para nosotros (los pesimistas) la vida se trata de remar en dulce de leche.
Mi compañera trataba de demostrarme que uno elige cómo vivir, bien o mal, de acuerdo a nuestra actitud.
Yo no se cómo explicarle, que hay personas a las que les faltan cositas químicas en sus cerebros y alrededores, o esas cositas químicas están desordenadas en ellos; y eso, a veces, imposibilita por completo al sujeto de tener conductas aloplásticas que lo conduzcan al bienestar.
Entonces, dejemos de lado toda esta pelotudez del optimismo, y de que con eso se consigue todo. Amigo, las cosas se consiguen proyectándolas en tu mente como si fuesen reales y teniendo la certeza de que efectivamente te sucederán. Si eres positivo y estas de buen humor, mejor aún. Será un modo de estar que acompañe muy bien tu espera por eso que quieres lograr. Pero el mal humor no es una sustancia lo suficientemente “buffer” como para hacer mermar tus proyecciones. Convivir con el mal humor, sobrellevándolo y haciendo lo que tenemos planeado sin que el mal humor afecte demasiado, ahí radica la verdadera virtud, el verdadero esfuerzo. Porque para el que siempre está de buen humor, no hay virtud.
Entonces, ahora, escuchándome en la lectura de mis palabras, me pregunto si para nosotros (los pesimistas) la vida se trata de remar en dulce de leche.
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