Nacho se entrena en el gimnasio con la férrea intención de hipertrofiarse. Mira con sorpresa, y día a día, a dos jóvenes culturistas ostentosos y engreídos (A e I), que tienen por costumbre realizar bromas respecto del estado físico o formas de ejercicio a gente con la cual se relacionan. Cree que el estado físico y mental de ellos se ve influenciado por un probable consumo de esteroides.
Aquél día, Nacho solo podía ver parte de sus brazos en aquel espejo mientras ejercitaba los bíceps. Cerca del fallo muscular emitía el grito o gemido característico de los que practican ésta actividad física. Detrás suyo, los culturistas hacían dominadas, cerca de la última repetición (¿de dominadas o de biceps?), estallaron las carcajadas de A e I.
-Tranquilo John Travolta! Exclamó uno de ellos.
Creyó que la broma era destinada para él. Él cree en ellos como una representación extrerna de su yo ideal. Y, curiosamente, los admira y los odia.
jueves, 29 de marzo de 2012
Ponerle un nombre
Cuando no hago nada, es porque me quedo en blanco. Paralizado. Tieso. Admirando abstraído la blanca hoja virtual que aparece en el monitor. Y me pregunto si esa “blanquedad” mental crónica y que aparece en situaciones de trabajo no será una huella mnémica de la catatonia y la psicosis.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)